Sobre la necesidad de la oración


El Papa nos ha dado importantes lecciones en su reciente visita a América. Son muchas sus enseñanzas. Con respecto a la oración, bien sabe que algunos no sólo no oran sino que consideran la oración como pérdida de tiempo. “El tiempo pasado en la oración nunca es desperdiciado, por muy importantes que sean los deberes que nos apremian por todas partes”-recordó, en Estados Unidos,  Benedicto XVI.  Pero no faltan los que se consideran más papistas que el Papa y niegan el valor de la oración para otorgarlo en exclusiva a la acción. Olvidan que Jesús tiene “palabras de vida eterna”. ¿A quién iremos sino a Él para saciar nuestra sed de verdad, de amor y de paz? “Jesús se retiraba a la soledad para orar, para unirse al Padre y recibir de Él nuevo vigor para su misión en le mundo” (Joseph Rázinger) y enseñarnos que en al oración encontraremos la fuerza para perseverar en el servicio fiel a Dios en el hermano necesitado. “Vigilad y orad para no caer en al tentación, porque el espíritu está pronto pero la carne es flaca”- aseveró Jesús a los Apóstoles-. Con sobrados motivos, Pío XII quería en la Iglesia “grupos de oración”. “La oración es la fuerza del hombre y la debilidad de Dios”– se ha dicho -. ¿Qué suele pasar cuando un cristiano abandona la oración para tener más tiempo para los pobres, por ejemplo? ¿No es verdad que experimenta poco a poco la sequedad que  incapacita para la entrega amorosa y perseverante a Dios en el hermano? Sí, al olvidarnos de Dios fácilmente nos centrarnos en nosotros mismos, haciéndonos egoístas y quedándonos, al  final, vacíos. Necesitamos retirarnos a la soledad del corazón para encontrarnos con Dios y recibir el impulso de la gracia para unir nuestra voluntad a la divina, para ser fieles también en momentos de dificultad o de persecución a causa de la fe, como los santos, para no dar ni un paso atrás en el camino de entrega personal. “Vosotros sois la luz del mundo”- nos dice Jesús -. Pero si religiosos, sacerdotes y laicos no nos conectamos a Él por la oración y los sacramentos, ¿cómo vamos a ser luz? Como una bombilla no funciona sin conectarse a la corriente, así tampoco funcionamos nosotros sin conectarnos con Cristo, Camino, Verdad y Vida, el único Salvador.

 

Josefa Romo

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